Para mi sigue siendo el mundo más apasionante y por cada hora que paso sobre la moto, paso 10 horas en la bici. Si tengo que elegir, no lo dudo: siempre bici, pero para viajar a destinos lejanos, salvo que tengas todo el tiempo del mundo, no sirve y ahí elijo la moto.
Durante 29 años me dediqué al ciclismo, primero al mountainbike y después al ciclismo profesional de carretera: era mi trabajo. Pero hace 6 años, vendí mis bicis de carretera y de montaña y me pasé al gravel. Ahora que no tengo obligaciones laborales me divierto como un enano dando pedales con la gravel que es al ciclismo lo que el trail es a las motos.
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Con la bicicleta de montaña he tenido la fortuna de pedalear por los senderos de los Alpes, la Selva Negra, las Rocky Mountains (EE.UU), atravesar los Apalaches y recorrer miles de kilómetros por los Pirineos, los Picos de Europa...
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Con la bicicleta de carretera he recorrido toda la geografía española y los puertos más importantes de Francia, Italia, Suiza, EE.UU y hasta he pedaleado por las carreteras y montañas de Japón... hasta tuve el privilegio de hacer tandas en el circuito de Suzuka
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Y respecto al precio de las bicis... ¡uf! Es una locura. La bici de la segunda foto, la Trek Madone con la que subía al Col de Galibier, pesaba 6,5 kilos, era toda de carbono y costaba la friolera de 12.000 euros (menos mal que yo no la pagaba). Ahora han bajado bastante y mi actual bici gravel (Cannondale Topstone), que es también de carbono, no pasa de los 5.000 euros. Pero eso deberían hacérselo mirar.
En un par de meses cumplo 66 años, llevo más de 50 años montando en bici, y no lo pienso dejar mientras el cuerpo aguante.
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