
Había quedado para disfrutar una jornada de moto y tortilla, era sábado, mi hijo mayor trabajaba la noche anterior y tenía que esperar su regreso para poder dejar al pequeño. Opté por variar la ruta: Desde Madrid Centro por N-VI hasta el Puerto de Guadarrama para continuar por el Camino del Vía Crucis hacia Peguerinos (Avila). A pesar del fuerte viento casi sin darme cuenta estaba en el Alto del León, compré pan y emboqué el Camino que encontré muy bacheado hasta pasar el Observatorio.

Llegué a un vallado con una puerta abierta, unas vigas de hierro en el suelo a modo de drenaje y un cartel advirtiendo: " Vía Forestal en mal estado " al leerlo, solo sonreí. Era muy grande la ilusión por reunirme con mis compañeros.
Por el camino coincidí con ciclistas, senderistas, algún coche y una hembra de gamo que en elegante marcha cruzó a cierta distancia, no me sorprendió pero bajé la velocidad pensando que podía haber más. A partir de ese momento el manillar adquirió un incómodo temblor que no pude / supe corregir y en una bancada próxima la moto y yo perdimos definitivamente la verticalidad. Sentí un dolor agudo y profundo en el costado izquierdo y me sumergí en una nube de polvo y arena que ya se disipaba cuando abrí los ojos, no notaba dolor, moví los dedos de los pies y pensé, menos mal, entonces me dí cuenta que tenía enterrado el lado izquierdo del cuerpo y la moto encima cómodamente apoyada en uno de sus topes y en mi bota derecha, tiré hacia atrás de la pierna pero no pude sacarla, estaba prisionera por el tobillo, levanté un poco la cabeza, miré a los lados y ví que me encontraba a la salida de una curva y al inicio de una pendiente en ascenso, oí un coche, alcé los brazos todo lo que pude al tiempo que los agitaba para hacerme visible y antes de aparecer ante mis ojos oí otro motor, enseguida una moto oscura pasó por delante...................sin más.
Del coche salieron unos señores mayores con cara de sorpresa y mientras la señora me hablaba, el señor rapidamente intentó arrastrar la moto .- Nooooo grité .- Espere, dije ya en un tono más suave, es que tengo el pie atrapado. En ese momento, llegaron 2 ciclistas que seguramente habían escuchado el grito porque nada más bajar de las bicis, me miraron a los ojos y dijeron casi a la vez .- Somos moteros, no te preocupes. La moto recuperó la verticalidad y yo también. Los ciclistas se separaron un poco, discretos pero pendientes mientras el señor decía .-Ahora hay que arrarcarla. Subí a la moto, arranqué, nos despedimos y entre elogios y buenos deseos, continué unos metros más pero mi cabeza ya no estaba allí, paré, cogí el móvil y puse unos mensajes que no salieron por falta de cobertura, pensé volver por donde había venido pero no pude, sentí miedo, estaba atrapada esta vez en el tiempo y un poco en shock. Me devolvió a la realidad un motero en una Varadero 125 que levantando la visera del casco me preguntó si necesitaba algo, relaté brevemente lo ocurrido y entonces me dijo que un poco más arriba había visto un grupo que podía ser el mío, volvió sobre sus trazadas informó a mis compañeros y llegó de nuevo insistiendo en acompañarme hasta que llegaran. Me despedí con agradecimiento del nuevo COMPAÑERO.

Mi colonia aún es alcohol de romero y mi menú incluye analgésicos y antinflamatorios pero ya he dado mis primeros paseos al aire libre y pronto los daré en moto.