
Ahora que suenan los tambores del viaje venidero del 2018, hay una anécdota, creo que no relatada y digna de mención que viene a mi memoria.
Nos disponíamos a subir a las habitaciones para cambio de atuendo y ducha reglamentaria, en el hotel de Marrakech, un muy buen hotel sin duda.
Nos encontrábamos en el vestíbulo, Susana Y Arturo, Sinergis, Mariano Belkin, Davidespele y un servidor, a la espera de la llegada del ascensor. Una vez éste abre sus puertas, Susana nos anima a entrar a todos, nos miramos de reojo, dado que todos somos gente de buena estructura, leemos la placa del ascensor y entendemos que estamos en número y peso máximo autorizado. Se oye un "Ya verás" en tono bajo y sereno de Arturo. Se cierran las puertas y se inicia la ascensión... A los pocos segundos, se oye un ruido mecánico, se apagan las luces y el ascensor se para. Suspiros, sonrisas contenidas y cierto canguelo aflora a nuestros rostros. Pulsamos el timbre de alarma. Se oyen voces de los empleados. Entendemos que se inician las labores de rescate. Calor. Pasan unos minutos. Se abre la puerta exterior y la interior del ascensor. Salimos como buenamente se pudo, con algún desnivel sobre la normal altura del ascensor. Algún amago de bronca por parte de los empleados del hotel, que rápidamente es mitigado ante las explicaciones sobre el cumplimiento de normativa y cada mochuelo a su olivo.
Cabe destacar la serenidad de los miembros de la expedición ante cualquier percance, por nimio que sea y el control de las emociones, en especial de Arturo

.
Seguro que el viaje del 2018, estará también plagado de anécdotas y los miembros y miembras disfrutarán como siempre, de un país increíble, de unas rutas maravillosas, de una comida exótica y de un grupo humano muy relevante.
Vss