
Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Moderador: Emecé
- RALPH
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#51 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Esto...¿alguien sabe algo del amigo Kaikus y la quinta entrega? 

- kaikus
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#52 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Hola Ralph, no me he perdido, sigo haciendo la crónicaRALPH escribió:Esto...¿alguien sabe algo del amigo Kaikus y la quinta entrega?

El maldito ordenador


- RALPH
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#53 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Gracias Kaikus, merece la pena la espera. 

- Viper
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#54 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables




- Lorrak-Liante
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#55 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Esperamos impacientes!!!








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#56 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
estas tardando Kaikus
llevo sin dormir desde hace 2 semanas

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El que tiene juicio conoce que en su proceder estriba toda su felicidad
sector ALI
http://www.BubuDR.blogspot.com

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#57 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Para mi ha sido un verdadero placer en conocer a dos grandes figuras en esto de la aventura, por que son aventureros, al igual que todos los que escriben crónicas de sus aventuras moteras, y por la forma de expresar el sentimiento que se siente cuando se viaja en moto. Por un la Miquel Silvestre, lo nombro a el primero, porque fue el motivo de reunión y por otro lado, Kaikus, a ambos gracias por contar las vivencias de los viajes...y por el mensaje que transmitís...
KAIKUS arregla el puñetero ordenador!!!!!!
Saludos desde La codosera...Extemadura

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#58 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables








- RALPH
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#59 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
A fecha de hoy y viendo la tardanza en la nueva entrega, empiezo a pensar que el amigo Kaikus no estuvo en esos sitios, lo que tiene es mucha mano con el PHOTOSHOP
(A ver si asi...)



- Lorrak-Liante
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#60 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
RALPH escribió:A fecha de hoy y viendo la tardanza en la nueva entrega, empiezo a pensar que el amigo Kaikus no estuvo en esos sitios, lo que tiene es mucha mano con el PHOTOSHOP![]()
![]()
(A ver si asi...)




- kaikus
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#61 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
El miércoles se supone que al fin tendré el ordenador arreglado de una vez por todas, con nuevo disco duro y nuevo ventilador. Sólo espero,que todas las fotos que procesé antes de que muriese, se hayan podido salvar. En cualquier caso, esta semana, Grecia se dejará caer por aquí...
Un abrazo!
Un abrazo!
- Moncadillo
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#62 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
kaikus escribió:El miércoles se supone que al fin tendré el ordenador arreglado de una vez por todas, con nuevo disco duro y nuevo ventilador. Sólo espero,que todas las fotos que procesé antes de que muriese, se hayan podido salvar. En cualquier caso, esta semana, Grecia se dejará caer por aquí...
Un abrazo!









- Lorrak-Liante
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#63 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
kaikus escribió:El miércoles se supone que al fin tendré el ordenador arreglado de una vez por todas, con nuevo disco duro y nuevo ventilador. Sólo espero,que todas las fotos que procesé antes de que muriese, se hayan podido salvar. En cualquier caso, esta semana, Grecia se dejará caer por aquí...
Un abrazo!





- kaikus
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#64 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Por fin, con mucho retraso, con mucho más del que me caracteriza, aquí esta. Grecia desde mi punto de vista.
Un abrazo a todos familia!
PD: en el blog hay más fotos, no las subo todas aquí que es una locura.
Quinta etapa: A la Griega...
https://maps.google.es/maps?saddr=Parga ... ls&t=m&z=8
Parga, Grecia, 17º día
Amanece. Recojo pronto. Como siempre. Lleno las maletas. Cargo la moto. Como siempre.
Bajo la moto del caballete… y apenas puedo. Esto no es como siempre. De repente me encuentro cansado. Son las 8 de la mañana. Debería de estar a tope de energía. Algo no anda bien.
Cuando llevo unos minutos en la moto me doy cuenta de que el reloj marca una hora menos que el móvil. Claro, Grecia está en una franja horaria distinta. Ósea que en mi horario son las 7. Demasiado pronto para mí. Pero no es eso. Me empiezan a doler las piernas. Fuck! Es fiebre. Todavía no está aquí. Pero llegará. Seguro.


Me lo tomo con calma. La carretera es buena, el asfalto deslizante, pero las curvas son abiertas y el arcén amplio. Tan amplio que la gente lo usa casi como un carril más. Y se queda el carril de verdad libre. Voy lanzado. Vuelo por la carretera. Solo algún bache y algún perro me impiden darle más. Pese a eso no me corto con el acelerador. Sigue habiendo perros por todo. Infinidad de perros atropellados. Impresiona.
De perro en perro y de bache a bache llego a al puente que me permite cruzar el Golfo de Korintio. Pedazo puente que se han montado. Hay que pagar para cruzarlo, pero al ir en moto se paga poco. Si es que todos son ventajas.


Voy dirección Olympia, pero con la fiebre, decido que lo mejor es acercarme a algún pueblecito costero a fallecer en paz. Al final acabo llegando a Katakolo. Apenas dos calles y un crucero. La gente abarrota las tiendas de imanes y demás parafernalia.
Me bajo de la moto completamente destrozado. He hecho más de 300 kilometros, y los últimos con una fiebre importante. Son las tres de la tarde y todavía no he comida nada, así que me obligo a tragar algo. Soy incapaz de terminarme una miserable sardina.

Se me acerca un hombre y me ofrece alojamiento. Me cuadra en el precio. Me dice que lo acompañe primero a ver si me gusta. Que deje aquí la moto que está cerca. Lo acompaño. Esta cerca. Por unas escaleras del infierno.


Llego arriba agotado. Me gusta la habitación. Vuelvo escaleras para abajo. Hace mucho calor. Las botas y la equipación no me ayudan. Sudo mucho. Estoy ardiendo. Ahora sí. Tengo fiebre de verdad, mucha. Subo de nuevo con las maletas. Llego arriba. Me tiemblan las piernas y el cerebro me va a estallar. Me tiro en la ducha y dejo que el agua me enfríe. Alejo el colapso de mí. Me hincho a paracetamol y me desplomo en la cama.
La bocina de un barco me despierta empapado en sudor. Parece que me encuentro mejor. Salgo y las vistas son preciosas. El barco se ha ido. Y Katakolo es para mí.

Las tiendas de souvenirs están cerradas. Ya no queda nadie a quien vender. Parce un pueblo fantasma. Apenas unos pocos griegos disfrutan del atardecer en la terracita de un bar. Me siento a beberme la puesta de sol. Y agua, también bebo agua, mucha. Estoy totalmente deshidratado.

A las 9 ya estoy dispuesto a irme a la cama cuando golpean en la puerta. Es el dueño de la casa y su madre. Se ha dado cuenta de que estoy hecho polvo y me trae una bolsa con uva, me ofrece su ayuda para lo que sea y su madre me quiere dar té. Buna gente. Siempre.
Amanece. Me levanto débil. Parece que sin fiebre. Salgo al sol. Hace un día increíble y puedo apreciar donde estoy. Un nuevo barco atraca en el puerto. Falta poco para que las calles vuelvan a llenarse de vida. Desayuno al solecito. Me sacan un café y unas tostadas. El padre de mi anfitrión se sienta conmigo. Fue marino, trabajaba en la sala de maquinas. Estuvo en España alguna vez. Solo habla griego. Pero se hace entender. Ahora disfruta de su tierra. Me da un fuerte apretón de manos cuando me voy. Su mujer me despide preocupada de verdad. Me desean lo mejor, y que vuelva algún día.
Ojalá.


Hoy si que veo la antigua ciudad de Olimpia. Impresiona ver el estadio olímpico. Pisar la arena que pisaron los atletas. Sentarme en las gradas. Entrar en el antiguo gimnasio. Y todo rodeado de naturaleza. El lugar tiene un encanto especial.



Encanto que se rompe cada cinco segundos, que es lo que tardas en oír el silbato de las guardias cada vez que alguien se sube al pedrusco que no debe.
Me marcho. Y pongo rumbo a Atenas. Cruzo montañas y sus encantadores pueblos.


Sigo la estrecha carretera curva a curva, sin tener ni idea de lo que vendrá después. La ruta es preciosa, con el asfalto un poco tocado, perfecto para mi moto.Se me hace raro llamarla mi moto, para mi ya es algo más que una maquina, es algo más vivo, ya no es solo mi moto. Me ofende llamarla simplemente la moto, se merece algo mejor, un nombre quizás. Siempre había pensado que era una estupidez ponerle un nombre a una moto. Ya no. Ahora forma parte de mi, me acompaña siempre, es como mi propia sombra. Puede que ese sea un nombre adecuado para ella. Quien sabe.
Mientras me ensimismo en si bautizo o no oficialmente a sombra, la carretera desciende, se suaviza y se torna en aburrida autovía. Es nueva, y apenas la usa nadie. Veo una salida que me llama la atención. Korinthos dice. Y entonces recuerdo, el canal de Korinthos. Una de las obras de ingeniería más espectaculares del mundo, al alcance de mi mano.
Salgo de la autovia, esto merece una parada.

En las fotos, a falta de una referencia mejor, no se aprecia la magnitud del tajo, pero tiene unos 40 metros de altura y más de 6 km de longitud.
Tras la breve pausa, pongo rumbo a Atenas, ya esta cerca. Y efectivamente, en apenas una hora me pongo la capital. Y es el caos. Me meto hasta la cocina. Callejeo. El tráfico es horrible, y aquí la gente usa el casco para proteger el codo (están locos estos romanos). El calor y lo débil que me ha dejado la fiebre me están matando, necesito cambiarme urgentemente de ropa si no quiero morir deshidratado dentro del traje. Y da la casualidad que paro a los pies de la Acrópolis. Y que mejor sitio para quedarse en calzoncillos.
Ya más fresquito acabo encontrando un backpackers a apenas unas calles del centro. Bien. Tienen un bar en la terraza con vistas a la Acrópolis. Me quedo. Invitan a la primera birra. Si es que no se puede ser tan guapo…
Atardece sobre Atenas. Los australianos vuelven a ser compañía, están por todas partes. Una birra lleva a otra, y a otra, y a otra... y todas ellas a un karaoke. Ellos se desgañitan, yo acabo hablando con un libanés y una canadiense sobre el estado de las autonomías. No preguntes porque, que yo, no lo sé…
Amanece sobre Atenas, y hoy no sigo ruta, me quedo un día más. Sorprendentemente no tengo resaca. Punto para mí.
Subo al Partenón por fin. Los perros campan a sus anchas, como en toda Gracia. Y las ruinas están en restauración, hay casi más grúas que columnas, una lástima. Pero sigue siendo alucinante estar aquí.



Recorro la ciudad de cabo a rabo. Hago el turistazo todo el día. El atardecer lo tengo reservado. Tengo que ver algo. Algo que me ha hecho recorrer un largo camino. Esta a 70 km de Atenas, en el cabo Sunión. La escusa perfecta para coger la moto. Como si no la hubiese cogido en semanas. Además esta vez voy con las maletas vacías. Se vuelve ligera. Es como sentarse en el sofá de casa. De hecho, se ha convertido en mi casa. En los últimos 20 días he estado más tiempo encima de la moto que en ningún otro sitio. Forma parte de mí. Curiosa sensación.
Atardece. Y entonces el Templo de Poseidón cobra vida. El basto cielo azul desaparece engullido por el color cobrizo. La luz se escurre entre las columnas. Y yo me dejo llenar de luz.


Ahora disfruto de mi puesta de sol. Por que de todos los que estamos aquí, me pertenece a mí. Lo se. La he perseguido, metro a metro. Minuto a minuto. Y aquí esta. Toda para mí. Se graba a fuego en mis retinas. El sol se oculta lentamente en el horizonte. La oscuridad lo inunda todo lentamente. Hasta a mi. Ha llegado el momento de volver. De volver a Atenas. De volver a casa. Todavía queda mucho por hacer. Muchos kilometros por recorrer. Muchos paisajes por fotografiar. Y la mejor gente por conocer.

El camino de vuelta a Atenas se hace un poco más complicado. Confío en que el GPS, que llevaba tiempo castigado, me lleve a la puerta de mi hostel. Él responde alegremente que si, que me lleva gustosamente, pero que se va a apagar, muy gustosamente también, cuando le plazca. Para no volver a vivir jamas. No lo he tirado al mar de milagro. Mala sangre me provoca el jodio.
Así que me toca adentrarme de noche, sin rumbo exacto, y a lo loco en el caótico tráfico ateniense, y en hora punta. Y no se como, ni porque, tras pasar mil desvíos y pensar que me había perdido mil veces, tan solamente siguiendo adelante y girando a placer, encuentro una calle conocida. Me oriento. Estoy cerca. Llego. Casi un milagro. O yo que soy muy bueno, dejaremos que cada uno elija la opción que más le guste...
Amanece una vez más. Que maravilla que siempre lo haga. Desayuno con ganas. Hoy quiero ver las ruinas del oráculo de Delfos y si es posible llegar hasta el infinito. Antes me doy la última vuelta para ver el estadio Panathinaiko y el cambio de guardia frente a la tumba del soldado desconocido. Estoy a punto de perderme el cambio de guardia, pues me da por perderme los jardines cercanos al parlamento. Manda huevos, llego hasta aquí en moto sin problemas y me pierdo en un jardín ( no podía hacerlo todo bien...).



Salgo de la ciudad rumbo a las ruinas del oráculo de Delfos. No llega a 200 km de carretera bastante buena. Pero nada más salir de Atenas me golpea una racha de viento brutal. Las rachas me acompañan los primeros kilómetros hasta que el cielo se cubre. Amenaza lluvia. Amenaza todo lo que puede amenazar. El cielo es negro como los sobacos de un grillo.
El impermeable no me protege de los gotazos que me caen en to lo alto. Son como canicas. Y el viento no ayuda. Llego a Delfi, bajo una manta de agua. Así es imposible ver nada. Las callecitas del pueblo van hasta arriba de agua. Me refugio a ver si arrecia. Me conecto al wifi. Si quiero ver algo tendré que esperar a mañana. Busco un hotelito barato.
Lo encuentro. Me dan una habitación con buenas vistas. Monto mi estenderejo habitual de impermeables empapados, ropa de moto pesada y botas malolientes. La lluvia no para en todo el día, pero la previsión dice que para mañana mejora. Entro en una tienda de souvenirs regentada por un Albanés afincado aquí desde hace 25 años. Le gusta mi moto y más cuando ve la bandera de su tierra. Me paso una hora mareando por la tienda, si lo dejase, me la vendería entera.
El día pasa, y en el hotel me recomiendan una taberna para cenar. Ensalada griega, mousaka muy griega tambien, chuleta con patatas, pan, uvas confitadas en miel (tan dulce que hasta rascan la garganta) y unas Mythos por 9 euros. Buen negocio. Me sabe todo a gloria. Y así es como me voy a dormir. Feliz bajo la lluvia. Mañana será un buen día. Como todos los dias de viaje. O quizá mejor...
Me levanto motivadísimo, la lluvia da una tregua y el cielo parece que se despeja. Salgo a desayunar y el salón del hotel esta a reventar. Lo ocupa una clase de instituto que esta de viaje por la zona. El dueño del hotel me dice que no problemo, me traen el desayuno a la habitación, como un rey oiga.

Con la panza llena empiezo mi visita a Delfos. Solo diré que es impresionante. Yo pensaba encontrarme apenas las cuatro columnas del templo de Apolo, y voy y me encuentro con casi una ciudad entera. Teatro, estadio olimpico, el Tesoro de Atenas... nunca me habian asombrado tanto unas ruinas. Desparramadas por toda la colina,casi siento en ellas el trasiego de la gente siglos atrás, el bullicio en el estadio. Sinceramente, alucinantes.





Vuelvo al hotel, tras la caminata y con una sonrisa de oreja a oreja me visto de romano, o de griego, ya ni se lo que digo, y pongo rumbo a Meteora. Hoy es mi último día en Grecia.
La bajada desde Delfi a Amfisa es pasmosa. Veo el mar al fondo, y la montaña detrás de mi. El color del día es alucinante.

La foto tan alucinante que vi en el momento hoy no es nada del otro mundo, pero ese momento me hizo completamente feliz y no podía dejar de mirar, hechizado completamente por el mar. Quizás era que sabia que no volvería a verlo en días. Isleño que es uno.

La carretera transcurre sin mayor novedad, el asfalto es bueno, el trazado suave. Amenaza lluvia a veces, otras el sol me deslumbra. Pero no se porque, disfruto como un enano. Me doy cuenta de que los problemas que antes me atormentaban, ahora se ven sencillos, obvios incluso.
Paro a comer. Encuentro sabores nuevos en la comida, y una simple pechuga de pollo se torna el mejor filete que haya probado. Todo se esta intensificando. Noto que el viaje me esta cambiando. Sonrío más. Soy más amable con la gente. La sonrisa es mi mejor poder, siempre devuelven una.
La música que escucho me inunda y me emociona como nunca. Casi voy llorando con los pelos de punta y con una sonrisa que amenaza con romperme las mejillas. Voy por una carretera cualquiera. Pero el cielo es apabullante. Azul intenso encima de mi. Nubes negras como el carbón a mi izquierda. Blancas a mi derecha. Escapando de la tormenta.
Cuando se termina la especie de colocón de felicidad que llevo, llega la guinda del pastel.
Aterrizo en Meteora. Y me doy un hostión con el primero de los monasterios. Aparece tras una curva perfecta, colgado de una montaña. Alucino pepinos. No soy capaz de hacer una foto que satisfaga lo que veo. Y hago muchas. Me vuelvo loco de un templo a otro. Paso horas rebotando de curva a curva, de foto a foto.




Disfruto de las vistas. Encuentro una roca aislada. El paisaje es tan indescriptible, que se me va, al final, se me va la cabeza. No encuentro palabras para describir como me siento. Quizás estas fotos lo muestren mejor. O quizás no. Quizás solo sea un loco, que por un momento encontró su perfecta locura, sin importar nada más.





Al fin la tormenta me coge, como siempre lo hace. Y yo me refugio en un hotelito. Con un dueño con una scooter llena de pegatinas del Barça. Y con dos moteros austriacos, que, oh casualidad, llegan a la vez que yo.
Y resulta que también cenan a la vez que yo. Resultando que me caen de pu*a madre, y además me invitan a unas birras, por que yo lo valgo. No serán las últimas.
Pero eso es ya otra historia. Una historia de carreteras y barro. Una historia de amigos, tarta y macedonia, mucha Macedonia.

Un abrazo a todos familia!
PD: en el blog hay más fotos, no las subo todas aquí que es una locura.
Quinta etapa: A la Griega...
https://maps.google.es/maps?saddr=Parga ... ls&t=m&z=8
Parga, Grecia, 17º día
Amanece. Recojo pronto. Como siempre. Lleno las maletas. Cargo la moto. Como siempre.
Bajo la moto del caballete… y apenas puedo. Esto no es como siempre. De repente me encuentro cansado. Son las 8 de la mañana. Debería de estar a tope de energía. Algo no anda bien.
Cuando llevo unos minutos en la moto me doy cuenta de que el reloj marca una hora menos que el móvil. Claro, Grecia está en una franja horaria distinta. Ósea que en mi horario son las 7. Demasiado pronto para mí. Pero no es eso. Me empiezan a doler las piernas. Fuck! Es fiebre. Todavía no está aquí. Pero llegará. Seguro.
Me lo tomo con calma. La carretera es buena, el asfalto deslizante, pero las curvas son abiertas y el arcén amplio. Tan amplio que la gente lo usa casi como un carril más. Y se queda el carril de verdad libre. Voy lanzado. Vuelo por la carretera. Solo algún bache y algún perro me impiden darle más. Pese a eso no me corto con el acelerador. Sigue habiendo perros por todo. Infinidad de perros atropellados. Impresiona.
De perro en perro y de bache a bache llego a al puente que me permite cruzar el Golfo de Korintio. Pedazo puente que se han montado. Hay que pagar para cruzarlo, pero al ir en moto se paga poco. Si es que todos son ventajas.
Voy dirección Olympia, pero con la fiebre, decido que lo mejor es acercarme a algún pueblecito costero a fallecer en paz. Al final acabo llegando a Katakolo. Apenas dos calles y un crucero. La gente abarrota las tiendas de imanes y demás parafernalia.
Me bajo de la moto completamente destrozado. He hecho más de 300 kilometros, y los últimos con una fiebre importante. Son las tres de la tarde y todavía no he comida nada, así que me obligo a tragar algo. Soy incapaz de terminarme una miserable sardina.
Se me acerca un hombre y me ofrece alojamiento. Me cuadra en el precio. Me dice que lo acompañe primero a ver si me gusta. Que deje aquí la moto que está cerca. Lo acompaño. Esta cerca. Por unas escaleras del infierno.
Llego arriba agotado. Me gusta la habitación. Vuelvo escaleras para abajo. Hace mucho calor. Las botas y la equipación no me ayudan. Sudo mucho. Estoy ardiendo. Ahora sí. Tengo fiebre de verdad, mucha. Subo de nuevo con las maletas. Llego arriba. Me tiemblan las piernas y el cerebro me va a estallar. Me tiro en la ducha y dejo que el agua me enfríe. Alejo el colapso de mí. Me hincho a paracetamol y me desplomo en la cama.
La bocina de un barco me despierta empapado en sudor. Parece que me encuentro mejor. Salgo y las vistas son preciosas. El barco se ha ido. Y Katakolo es para mí.
Las tiendas de souvenirs están cerradas. Ya no queda nadie a quien vender. Parce un pueblo fantasma. Apenas unos pocos griegos disfrutan del atardecer en la terracita de un bar. Me siento a beberme la puesta de sol. Y agua, también bebo agua, mucha. Estoy totalmente deshidratado.
A las 9 ya estoy dispuesto a irme a la cama cuando golpean en la puerta. Es el dueño de la casa y su madre. Se ha dado cuenta de que estoy hecho polvo y me trae una bolsa con uva, me ofrece su ayuda para lo que sea y su madre me quiere dar té. Buna gente. Siempre.
Amanece. Me levanto débil. Parece que sin fiebre. Salgo al sol. Hace un día increíble y puedo apreciar donde estoy. Un nuevo barco atraca en el puerto. Falta poco para que las calles vuelvan a llenarse de vida. Desayuno al solecito. Me sacan un café y unas tostadas. El padre de mi anfitrión se sienta conmigo. Fue marino, trabajaba en la sala de maquinas. Estuvo en España alguna vez. Solo habla griego. Pero se hace entender. Ahora disfruta de su tierra. Me da un fuerte apretón de manos cuando me voy. Su mujer me despide preocupada de verdad. Me desean lo mejor, y que vuelva algún día.
Ojalá.
Hoy si que veo la antigua ciudad de Olimpia. Impresiona ver el estadio olímpico. Pisar la arena que pisaron los atletas. Sentarme en las gradas. Entrar en el antiguo gimnasio. Y todo rodeado de naturaleza. El lugar tiene un encanto especial.
Encanto que se rompe cada cinco segundos, que es lo que tardas en oír el silbato de las guardias cada vez que alguien se sube al pedrusco que no debe.
Me marcho. Y pongo rumbo a Atenas. Cruzo montañas y sus encantadores pueblos.
Sigo la estrecha carretera curva a curva, sin tener ni idea de lo que vendrá después. La ruta es preciosa, con el asfalto un poco tocado, perfecto para mi moto.Se me hace raro llamarla mi moto, para mi ya es algo más que una maquina, es algo más vivo, ya no es solo mi moto. Me ofende llamarla simplemente la moto, se merece algo mejor, un nombre quizás. Siempre había pensado que era una estupidez ponerle un nombre a una moto. Ya no. Ahora forma parte de mi, me acompaña siempre, es como mi propia sombra. Puede que ese sea un nombre adecuado para ella. Quien sabe.
Mientras me ensimismo en si bautizo o no oficialmente a sombra, la carretera desciende, se suaviza y se torna en aburrida autovía. Es nueva, y apenas la usa nadie. Veo una salida que me llama la atención. Korinthos dice. Y entonces recuerdo, el canal de Korinthos. Una de las obras de ingeniería más espectaculares del mundo, al alcance de mi mano.
Salgo de la autovia, esto merece una parada.
En las fotos, a falta de una referencia mejor, no se aprecia la magnitud del tajo, pero tiene unos 40 metros de altura y más de 6 km de longitud.
Tras la breve pausa, pongo rumbo a Atenas, ya esta cerca. Y efectivamente, en apenas una hora me pongo la capital. Y es el caos. Me meto hasta la cocina. Callejeo. El tráfico es horrible, y aquí la gente usa el casco para proteger el codo (están locos estos romanos). El calor y lo débil que me ha dejado la fiebre me están matando, necesito cambiarme urgentemente de ropa si no quiero morir deshidratado dentro del traje. Y da la casualidad que paro a los pies de la Acrópolis. Y que mejor sitio para quedarse en calzoncillos.
Ya más fresquito acabo encontrando un backpackers a apenas unas calles del centro. Bien. Tienen un bar en la terraza con vistas a la Acrópolis. Me quedo. Invitan a la primera birra. Si es que no se puede ser tan guapo…
Atardece sobre Atenas. Los australianos vuelven a ser compañía, están por todas partes. Una birra lleva a otra, y a otra, y a otra... y todas ellas a un karaoke. Ellos se desgañitan, yo acabo hablando con un libanés y una canadiense sobre el estado de las autonomías. No preguntes porque, que yo, no lo sé…
Amanece sobre Atenas, y hoy no sigo ruta, me quedo un día más. Sorprendentemente no tengo resaca. Punto para mí.
Subo al Partenón por fin. Los perros campan a sus anchas, como en toda Gracia. Y las ruinas están en restauración, hay casi más grúas que columnas, una lástima. Pero sigue siendo alucinante estar aquí.
Recorro la ciudad de cabo a rabo. Hago el turistazo todo el día. El atardecer lo tengo reservado. Tengo que ver algo. Algo que me ha hecho recorrer un largo camino. Esta a 70 km de Atenas, en el cabo Sunión. La escusa perfecta para coger la moto. Como si no la hubiese cogido en semanas. Además esta vez voy con las maletas vacías. Se vuelve ligera. Es como sentarse en el sofá de casa. De hecho, se ha convertido en mi casa. En los últimos 20 días he estado más tiempo encima de la moto que en ningún otro sitio. Forma parte de mí. Curiosa sensación.
Atardece. Y entonces el Templo de Poseidón cobra vida. El basto cielo azul desaparece engullido por el color cobrizo. La luz se escurre entre las columnas. Y yo me dejo llenar de luz.
Ahora disfruto de mi puesta de sol. Por que de todos los que estamos aquí, me pertenece a mí. Lo se. La he perseguido, metro a metro. Minuto a minuto. Y aquí esta. Toda para mí. Se graba a fuego en mis retinas. El sol se oculta lentamente en el horizonte. La oscuridad lo inunda todo lentamente. Hasta a mi. Ha llegado el momento de volver. De volver a Atenas. De volver a casa. Todavía queda mucho por hacer. Muchos kilometros por recorrer. Muchos paisajes por fotografiar. Y la mejor gente por conocer.
El camino de vuelta a Atenas se hace un poco más complicado. Confío en que el GPS, que llevaba tiempo castigado, me lleve a la puerta de mi hostel. Él responde alegremente que si, que me lleva gustosamente, pero que se va a apagar, muy gustosamente también, cuando le plazca. Para no volver a vivir jamas. No lo he tirado al mar de milagro. Mala sangre me provoca el jodio.
Así que me toca adentrarme de noche, sin rumbo exacto, y a lo loco en el caótico tráfico ateniense, y en hora punta. Y no se como, ni porque, tras pasar mil desvíos y pensar que me había perdido mil veces, tan solamente siguiendo adelante y girando a placer, encuentro una calle conocida. Me oriento. Estoy cerca. Llego. Casi un milagro. O yo que soy muy bueno, dejaremos que cada uno elija la opción que más le guste...
Amanece una vez más. Que maravilla que siempre lo haga. Desayuno con ganas. Hoy quiero ver las ruinas del oráculo de Delfos y si es posible llegar hasta el infinito. Antes me doy la última vuelta para ver el estadio Panathinaiko y el cambio de guardia frente a la tumba del soldado desconocido. Estoy a punto de perderme el cambio de guardia, pues me da por perderme los jardines cercanos al parlamento. Manda huevos, llego hasta aquí en moto sin problemas y me pierdo en un jardín ( no podía hacerlo todo bien...).
Salgo de la ciudad rumbo a las ruinas del oráculo de Delfos. No llega a 200 km de carretera bastante buena. Pero nada más salir de Atenas me golpea una racha de viento brutal. Las rachas me acompañan los primeros kilómetros hasta que el cielo se cubre. Amenaza lluvia. Amenaza todo lo que puede amenazar. El cielo es negro como los sobacos de un grillo.
El impermeable no me protege de los gotazos que me caen en to lo alto. Son como canicas. Y el viento no ayuda. Llego a Delfi, bajo una manta de agua. Así es imposible ver nada. Las callecitas del pueblo van hasta arriba de agua. Me refugio a ver si arrecia. Me conecto al wifi. Si quiero ver algo tendré que esperar a mañana. Busco un hotelito barato.
Lo encuentro. Me dan una habitación con buenas vistas. Monto mi estenderejo habitual de impermeables empapados, ropa de moto pesada y botas malolientes. La lluvia no para en todo el día, pero la previsión dice que para mañana mejora. Entro en una tienda de souvenirs regentada por un Albanés afincado aquí desde hace 25 años. Le gusta mi moto y más cuando ve la bandera de su tierra. Me paso una hora mareando por la tienda, si lo dejase, me la vendería entera.
El día pasa, y en el hotel me recomiendan una taberna para cenar. Ensalada griega, mousaka muy griega tambien, chuleta con patatas, pan, uvas confitadas en miel (tan dulce que hasta rascan la garganta) y unas Mythos por 9 euros. Buen negocio. Me sabe todo a gloria. Y así es como me voy a dormir. Feliz bajo la lluvia. Mañana será un buen día. Como todos los dias de viaje. O quizá mejor...
Me levanto motivadísimo, la lluvia da una tregua y el cielo parece que se despeja. Salgo a desayunar y el salón del hotel esta a reventar. Lo ocupa una clase de instituto que esta de viaje por la zona. El dueño del hotel me dice que no problemo, me traen el desayuno a la habitación, como un rey oiga.

Con la panza llena empiezo mi visita a Delfos. Solo diré que es impresionante. Yo pensaba encontrarme apenas las cuatro columnas del templo de Apolo, y voy y me encuentro con casi una ciudad entera. Teatro, estadio olimpico, el Tesoro de Atenas... nunca me habian asombrado tanto unas ruinas. Desparramadas por toda la colina,casi siento en ellas el trasiego de la gente siglos atrás, el bullicio en el estadio. Sinceramente, alucinantes.





Vuelvo al hotel, tras la caminata y con una sonrisa de oreja a oreja me visto de romano, o de griego, ya ni se lo que digo, y pongo rumbo a Meteora. Hoy es mi último día en Grecia.
La bajada desde Delfi a Amfisa es pasmosa. Veo el mar al fondo, y la montaña detrás de mi. El color del día es alucinante.

La foto tan alucinante que vi en el momento hoy no es nada del otro mundo, pero ese momento me hizo completamente feliz y no podía dejar de mirar, hechizado completamente por el mar. Quizás era que sabia que no volvería a verlo en días. Isleño que es uno.

La carretera transcurre sin mayor novedad, el asfalto es bueno, el trazado suave. Amenaza lluvia a veces, otras el sol me deslumbra. Pero no se porque, disfruto como un enano. Me doy cuenta de que los problemas que antes me atormentaban, ahora se ven sencillos, obvios incluso.
Paro a comer. Encuentro sabores nuevos en la comida, y una simple pechuga de pollo se torna el mejor filete que haya probado. Todo se esta intensificando. Noto que el viaje me esta cambiando. Sonrío más. Soy más amable con la gente. La sonrisa es mi mejor poder, siempre devuelven una.
La música que escucho me inunda y me emociona como nunca. Casi voy llorando con los pelos de punta y con una sonrisa que amenaza con romperme las mejillas. Voy por una carretera cualquiera. Pero el cielo es apabullante. Azul intenso encima de mi. Nubes negras como el carbón a mi izquierda. Blancas a mi derecha. Escapando de la tormenta.
Cuando se termina la especie de colocón de felicidad que llevo, llega la guinda del pastel.
Aterrizo en Meteora. Y me doy un hostión con el primero de los monasterios. Aparece tras una curva perfecta, colgado de una montaña. Alucino pepinos. No soy capaz de hacer una foto que satisfaga lo que veo. Y hago muchas. Me vuelvo loco de un templo a otro. Paso horas rebotando de curva a curva, de foto a foto.




Disfruto de las vistas. Encuentro una roca aislada. El paisaje es tan indescriptible, que se me va, al final, se me va la cabeza. No encuentro palabras para describir como me siento. Quizás estas fotos lo muestren mejor. O quizás no. Quizás solo sea un loco, que por un momento encontró su perfecta locura, sin importar nada más.





Al fin la tormenta me coge, como siempre lo hace. Y yo me refugio en un hotelito. Con un dueño con una scooter llena de pegatinas del Barça. Y con dos moteros austriacos, que, oh casualidad, llegan a la vez que yo.
Y resulta que también cenan a la vez que yo. Resultando que me caen de pu*a madre, y además me invitan a unas birras, por que yo lo valgo. No serán las últimas.
Pero eso es ya otra historia. Una historia de carreteras y barro. Una historia de amigos, tarta y macedonia, mucha Macedonia.

- Shark_14
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#65 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables






Ya teníamos ganas de leer esta nueva entrega. Ahora a esperar a la siguiente!!!


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#67 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
muy buena, me quedo con ganas de mas 

El que tiene juicio conoce que en su proceder estriba toda su felicidad
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#68 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
jod*r, jod*r y jod*r que envidia me das y como noooooooooooooooo pedazo cronica, fotos y que grande eres Kaikus 

-
- Tímido
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#69 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Sin duda, la mejor manera de disfrutar de la moto es como tú lo estas haciendo.
Muy buena la crónica del viaje. La redacción, las fotos y la aventura en sí enganchan. Me quedo dando un paseo por tu blog.
Tómate una cervecita a mi cuenta.
Vsssss
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#70 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Que bueno, me tiene enganchado la forma de explicarlo todo, parece que estemos compartiendo el viaje juntos.
FELICIDADES!!!!




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- BubuDR
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#71 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
oye, no tardes que todavia no has vuelto a casa



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- herbo
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#72 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Acabo de descubrir tu crónica, pues hace tiempo que no paso por el foro, y estoy ALUCINANDO!!
Me encanta todo, desde tu viaje en sí, que hace que me corroa la envidia de la buena, pasando por la redacción y acabando por las impresionantes fotos que nos estás regalando. Y no me refiero q que haya más o menos curvas, más o menos nieve y montañas... lo que quiero decir es que son unas "peazo fotos" de profesional.
Por cierto, voy detrás de mi primera réflex digital y si no te importa, te voy a pedir algún consejillo por privado.
Gracias de nuevo!!
Me encanta todo, desde tu viaje en sí, que hace que me corroa la envidia de la buena, pasando por la redacción y acabando por las impresionantes fotos que nos estás regalando. Y no me refiero q que haya más o menos curvas, más o menos nieve y montañas... lo que quiero decir es que son unas "peazo fotos" de profesional.
Por cierto, voy detrás de mi primera réflex digital y si no te importa, te voy a pedir algún consejillo por privado.
Gracias de nuevo!!

- boti
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- Ubicación: Benicásim/Fernando
#73 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Impresionante, gracias por compartirlo 

Los Alpes en solitario, sueño cumplido. viewtopic.php?f=10&t=46599
Alpes 2011, la reconquista. viewtopic.php?f=10&t=55213
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- Necovai
- Tímido
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#74 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Dios que envidia
algún día espero poder realizar un viaje así
Gracias por la crónica.



Gracias por la crónica.
Para quien no sabe qué puerto alcanzar, no hay viento favorable.
- stormbringer
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#75 Re: Suiza, Balcanes, Grecia... 10.000 km inolvidables
Ya te lo han dicho varias veces KAIKUS; pero te lo voy a repetir... geníal crónica, increible viaje, magníficas fotos...
Hace tiempo que iba leyendo y tomando notas porque hay varias zonas que son destinos de interés para mi y este tipo de crónicas ayudan muchísimo a aclarar ideas !!.
Quiero darte también las gracias porque a pesar de tener tu propio blog estás poniendo directamente aquí todas las vivencias de ese viaje, porque cada vez cuesta más ver este tipo de relatos ya que predominan enlaces a blogs, webs u otros espacios de internet.
Hace tiempo que iba leyendo y tomando notas porque hay varias zonas que son destinos de interés para mi y este tipo de crónicas ayudan muchísimo a aclarar ideas !!.

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